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Opinión: D'Orsay

Por Omar Marsili, escritor sampedrino, autor de "El maratonista", "La deuda, el príncipe y los panurgos" y "Del paraíso a tus zapatos", entre otras publicaciones.

Musee D’Orsay, el museo de los impresionistas de París reúne obras del siglo XIX y XX, y es uno de los sitios más visitados del mundo. El nombre me lleva a pensar en la posición fuera de juego futbolero de mi pueblo. El orsay. Más allá del origen etimológico (off side) el fuera de juego es y será para el argentino lunfardiano, orsay. El edificio símbolo de la “Belle Époque” mereció el premio “Roma” por su diseño y belleza y es una joya de la arquitectura francesa. Construido frente al palacio Real de “El Louvre” y “Les Tuileries”, con un estilo de magnificencia para mostrar al mundo su riqueza y poderío en ocasión de la Exposición Mundial de 1900.

Ahí, entre sus cristales y cemento, se pueden compartir los momentos del Impresionismo con obras de Van Gogh, Renoir, Monet, Manet, las caricaturas de políticos y personajes de la época de Honoré Daumier, por enumerar algunos tesoros. Esculturas, dibujos, pinturas y la arquitectura del edificio son un paseo rico por la historia del arte.

Y a su vez, este lugar, D’Orsay tiene una fuerte incidencia en la historia trágica de Francia y Europa y las obras no pueden ocultar la otra historia, allí, antes de ser la abandonada estación ferroviaria para ingresar a París, que funcionó desde 1900 hasta 1970, durante las dos guerras fue visitada diariamente por padres, hermanos, amigos, para ver la llegada de ser querido, un “soldado de la patria”.

Incontables esperas, ausencias, abrazos postergados. La mayoría de las veces la espera se reducía a una nueva desilusión, en muchas ocasiones solo llegaba el cuerpo. D’Orsay, como su nombre francés lo indica y a simple vista de un argentino en París, en su lunfardo suena, “orsay”, otro fuera de juego. Y a llorar.

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