Publicado el 22/01/2021 17:38 Hs.

Opinión: Pedro Junco

* Por Omar Marsili, escritor sampedrino, autor de "El paraíso sobre tus zapatos", El Maratonista” y “La deuda, el príncipe y los panurgos”.

Basta de política, dijo Pedro Junco, y se puso a ladrar eufórico. Pedro Junco se alejó de la política, dejó de preocuparse por la puta inflación que le carcomía el bolsillo. Esto es la libertad, se decía, y en verdad, ajeno a los sacudones de las estériles discusiones políticas que lo tuvieron con la cabeza hundida en situaciones inconvenientes, vive mejor.

El paro general, por aumento de jubilaciones y salarios, que siempre lo tenían haciendo punta en las marchas, no detectaron su ausencia y salieron igual a las calles. Vino un aumento del diez por ciento, y Pedro Junco, por su desapego a la política, sin quejas ni festejos, concurrió a cobrar el aumento junto a miles que nunca reclaman porque son, tan o más, anti política que Pedro Junco.

El humo de las islas incendiadas le resbala, no tiene nada que ver con su vida, a lo sumo, levantarse un poco la bufanda para no tragar el hollín y caminar con la indiferencia de su nueva forma de ver la vida; pudo ver con claridad, que sus enemigos, eran otras disciplinas, por supuesto, nada disciplinadas. El aumento del combustible: un problema económico, el aumento de las papas por una larga sequía, o porque el dueño de la papa quiere ganar mas, desaparecieron la culpa y los culpables. Una regla natural: gobierna y decreta.

Con calma, tejía su maraña de realidad, más preciso, destejía la realidad. Cada tema, una causa perfectamente diferenciada de otra. Aumento por la economía, incendio de bosques: accidente, paraíso fiscal: necesidad comercial, la droga: una peste que afecta tanto a pobres como a gente normal, o sea: normales, pobres, ricos y cómodos mendigos, distintas razas con un destino implacable. Las respuestas caen en su cabeza con una simpleza apabullante. Siempre la luz de la inteligencia descubriendo el resultado concreto, nada de andar divagando en los vericuetos de causa efecto. Cortita y al pie, murmuraba en su mezcla de potrero y ciudad, el fútbol y lo cotidiano. Pedro Junco eligió pensar que los dioses diseñaron el mundo para que los corderos del mundo hagan su tarea con sumiso respeto.

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