Publicado el: 08/11/2018 08:07 Hs.

A 60 días del cierre de Coplac, un emblema de lucha y resistencia

Hoy se cumplen dos meses del cierre de la planta en San Pedro. Los/as despedidos/as continúan en la puerta de la fábrica,turnándose en turnos de 3, rotativos cada 8 horas, respetando los horarios de trabajo. En las últimas horas se conoció que el empresario Vanderlei ofertó,a través de su abogado Sergio Villarruel, el pago del 70 por ciento de la indemnización. Sin embargo, aseguran que deja afuera muchos ítems por lo que está lejos de ser lo que les corresponde.

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- Por Nadia Quiroga-

A 60 días del cierre de Coplac, los trabajadores mantienen una lucha que los tiene aún en las puertas de la planta, en lo que se constituye sin dudas en un caso emblema para San Pedro, un ejemplo de lucha y resistencia, ante una dramática situación que se condice con lo que pasa en gran parte del país, como resultado de la crisis económica.

La fábrica que cerró sus puertas por decisión del empresario brasileño Vanderlei, dejó en la calle a cerca de 80 familias que al día de hoy no recibieron el pago de su indemnización. En las últimas horas, el abogado del empresario, Sergio Villarruel, confirmó la oferta de un pago del 70 por ciento de lo que les correspondería a cada trabajador.

Sin embargo, los empleados lo desmintieron, y contaron que esa oferta no incluye muchos ítems que sí estaban cobrando, por lo que la diferencia entre lo que percibirían y lo que deberían cobrar es muy grande. 

Allí siguen, frente a la planta, con las banderas de la CGT y las CTA, las centrales de trabajadores que se pusieron al lado de los trabajadores desde el primer momento, movilizando y visibilizando su reclamo, incluso en una marcha también de
características históricas para San Pedro, por el motivo.

Desde la Municipalidad la asistencia llegó en solo dos  oportunidades: una bolsa de mercadería para cada despedido, desde la Secretaría de Desarrollo Humano; y un subsidio por única vez que alcanzó a casi todos/as los/as trabajadores/as, a excepción de un matrimonio de trabajadores que cobró "uno por los dos", porque era por grupo familiar, como si acaso casarse anulara los derechos que corresponden como empleado. 

Desde Nación, la ayuda llegó en forma de "acelere" en la gestión del fondo de desempleo. No hubo negociaciones (al menos no oficiales) con Vanderlei, empresario que tiene otras inversiones en la Argentina y a quien se le podrían haber recordado (u ofertado) beneficios para intentar revertir su decisión. 

El Intendente Cecilio Salazar estuvo en el lugar una vez, hablando con los trabajadores, para contarles el intento infructuoso de conectarse con el empresario vía mail, encomendándose entonces al Gauchito Gil, que poco pudo hacer, al igual que el propio Jefe Comunal, por los despedidos, aunque salvando las distancias de las responsabilidades de uno y de otro.

Los trabajadores despedidos vieron pasar a lo largo de estos dos meses a dirigentes y referentes sindicales, pero también a cientos de vecinos que llegaban con donaciones, que  respaldaban la lucha con un bocinazo, o que agotaron los pollos de la inmensa pollada solidaria para ayudarlos.

Sin embargo también debieron (y deben) soportar los embates de quienes consideran que la pérdida de sus fuentes laborales es "su culpa", por reclamar aquellos derechos que les eran negados como trabajadores, y que incluían el cumplimiento de un aumento acordado, y mejoras en las condiciones laborales. Como si acaso no existieran políticas que avalan el recorte de beneficios, los cierres de fábricas y esto, el despido sin indemnización.

A 60 días, los trabajadores resisten e intentan sostener sus familias con "changas", muchos de ellos se vuelcan momentáneamente a la cosecha de arándanos, y esperan, pacientes, alguna novedad. 

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